queesmatrix.com
                                                                                          
           

Compras

Comprar DVD de "Matrix"

Comprar DVD de "Animatrix"

Comprar BSO de "Matrix reloaded" (2 discos)

Comprar BSO de "Matrix" - Don Davis

Comprar BSO de "Matrix" - Varios artistas

Comprar BSO de "Animatrix"

Comprar videojuego "Enter the Matrix"

     

   
           
           
Comprar DVD de "Matrix Revolutions"
 
 
   

CRÍTICAS DE MATRIX REVOLUTIONS / RELOADED

Por Joaquín R. Fernández
Calificación:

  No hay duda de que "Matrix" supuso un soplo de aire fresco en el momento de su estreno, y no porque fuera revolucionaria en su forma o en su fondo, sino más bien porque hizo que mucha gente se acercara a los cines a dejarse fascinar por una película relacionada con un género, el de ciencia-ficción, plagado de fraca-sos comerciales y no muy bien visto por la crítica es-pecializada (por cierto, algo parecido han hecho hace poco "Harry Potter y la Piedra Filosofal" y la trilogía de "El Señor de los Anillos" por el género fantástico). Si bien sigo pensando que sus efectos especiales no eran nada novedosos para la época (sus Oscars® téc-nicos los ganó por la sencilla razón de que la gran ma-yoría de los miembros de la Academia de Hollywood no pueden ver a George Lu-cas y por ello decidieron darle a éste una lección y obviar completamente a "Star Wars. Episodio I. La Amenaza Fantasma" en dichos galardones), sus creadores supieron aunar muy bien en una sola cinta todas sus influencias y pasiones, confeccionando un apabullante entretenimiento en el que nos encontrábamos con imágenes tan poderosas como las del "despertar" de Neo o el enfrentamien-to entre el agente Smith y Morfeo.

  Es evidente que con "Matrix Reloaded" se disipó el efecto sorpresa de la pri-mera entrega, y aunque se incrementaron los hallazgos visuales y filosóficos de la saga, no fueron pocas las voces que se alzaron en contra de un producto que, si bien poseía nítidos defectos (centrados sobre todo en su media hora inicial), contenía algo más que una serie de vulgares fuegos de artificio o un cúmulo de palabras que únicamente conducían a la vacuidad. Probablemente sea la película más controvertida de la trilogía, pero estoy seguro de que con el tiempo adquirirá una mayor estima por parte de los aficionados, que por fin descubrirán en ella una sólida combinación de acción con proporcionados elementos metafísicos.

  Dicho esto, una de las principales preocupaciones que asaltaba la mente de to-do aquel que en su día visionó "Matrix Reloaded" era la de cómo iban a resolver los hermanos Andy y Larry Wachowski las dicotomías que nos presentaban en la secuela de la obra que los dio a conocer en todo el mundo. Por un lado, nos encontrábamos con un agente Smith que no sólo se rebelaba contra las máqui-nas que lo habían creado sino que además se introducía en un mundo de carne y hueso con el único objetivo de destruir a Neo. Por otra parte, éste descubría que El Arquitecto, aquel que regía el mundo de Matrix, controlaba en realidad to-dos los movimientos de El Elegido, siendo en principio su camino una trayectoria programada que inexorablemente le llevaba hacia un funesto final para la raza humana.

  Lo curioso de estas incógnitas sin respuesta es que "Matrix Revolutions" da comienzo con nuevas preguntas que se han de resolver antes de que el filme retorne a su trama principal y, para mi gusto, más intrascendente, en este caso el ataque de la ciudad subterránea de Zion por parte de las perforadoras y de los centinelas. Descubrimos entonces a un personaje tan curioso como El Ferrovia-rio, encargado de llevar al sistema central a todos los programas que ya no re-sultan útiles en el mundo de Matrix. Es entonces cuando aparece otra de las va-riables que rompe con los esquemas establecidos por El Arquitecto: la posibili-dad de que un programa también tenga sentimientos (de ahí la importancia de estas escenas, que muchos han calificado equivocadamente de triviales).

  Si bien todos estos fragmentos filosóficos de la cinta desaparecen con pronti-tud y sólo resurgen en algunos instantes de su tramo final, quisiera incidir ahora en ellos antes de introducirme posteriormente en un análisis de "Matrix Revolu-tions" centrado exclusivamente en sus virtudes y defectos como producto de en-tretenimiento. Los Wachowski, y por mucho que se diga al respecto, sí han ce-rrado la historia que querían contar, que no es otra que la de un mesías que ha de salvar a un mundo tiranizado por la guerra. Es él el que ha de establecer la paz en un planeta marcado por los enfrentamientos al tiempo que el verdadero mal, el que se oculta y va aumentando su poder hasta límites insospechados, espera agazapado mientras sus oponentes se destrozan entre sí y se debilitan mutuamente.

  La historia de los Wachowski, seguramente un tanto pretenciosa en su conclusión, no es otra que la de un nuevo Cristo que no ha llegado a la Tierra para reinar, sino para construir un punto de partida hacia un mundo mejor y utilizando para ello un ar-ma nueva: el amor. Las referencias religiosas, tan comentadas en la primera entrega de "Matrix", se hacen ahora mucho más evidentes, descubriéndo-se además dos movimientos antagonistas, repre-sentados magníficamente en el filme por dos de sus mejores personajes: El Oráculo y El Arquitec-to. Ambos son inteligencias artificiales, pero mien-tras que en una anida la esperanza y la fe, la otra es fría y matemática, compensándose y equilibrán-dose a la vez tan divergentes personalidades, que son fruto, por cierto, de la ver-dadera naturaleza de las máquinas, pues no hay que olvidar que han sido crea-das por humanos de mentalidades tan opuestas como, por ejemplo, la de Morfeo –creyente– o el comandante Lock (agnóstico). Ahí radica, pues, la famosa elec-ción a la que continuamente hace referencia El Oráculo, a la posibilidad de de-cantarse por una u otra opción, al hecho de que cada uno decida por sí mismo el papel que quiere desempeñar en la vida.

  Semejantes teorías vuelven inútiles, al menos desde mi punto de vista, cual-quier crítica que se le haga a "Matrix Revolutions" con respecto al hecho de que Neo pueda sentir a las máquinas en el mundo real o de que un programa como el agente Smith sea capaz de salir de Matrix y envolverse en una armadura de piel, carne y esqueleto. "Matrix Revolutions" no busca otra cosa que el especta-dor haga también su elección, y que de entre toda la maraña de propuestas on-tológicas y visuales que nos hacen sus creadores cada uno escoja aquella que más le satisfaga. ¿Les gusta salir del cine reflexionando con sus amigos o fami-liares sobre lo que acaban de ver? Adelante, esta es su película. Por contra, ¿prefieren que se lo den todo masticado y simplemente desean sentarse ante la pantalla grande para pasar el rato? Estupendo, pues nuevamente se hallan ante un filme que en buena parte de su metraje resulta adecuado para ello.

  Dejando a un lado, pues, los aspectos más profundos de esta trilogía, que des-de mi punto de vista se mantienen igual de sólidos en todas las entregas, pase-mos ahora a valorar "Matrix Revolutions" como el espectáculo que también es. Aquellos que disfrutaron con las antológicas secuencias de acción de "Matrix Reloaded" seguramente saldrán un tanto defraudados del cine, pues esta tercera entrega no presenta ni coreografías preciosistas ni momentos que en verdad de-jen al espectador sin respiración. El encuentro de Morfeo, Trinity y Seraph con Merovingio y sus secuaces sabe a poco para aquellos que contemplamos exta-siados los movimientos que exhibían Neo y sus amigos en el tramo central de esta trilogía. Ahora toda la acción se centra en Zion, un escenario frío y metálico que se ve sometido a la irrefrenable embestida de los centinelas. Las imágenes infográficas se apoderan de la pantalla y atosigan al público con su convenciona-lismo. No hay nada que no hayamos visto antes en este campo, e incluso los hermanos Wachowski cometen el error de no intercalar estos combates con el viaje de Neo y Trinity a la ciudad de las máquinas, para así darle un poco de va-riedad al asunto (por cierto, espléndido el momento en el que la nave de los pro-tagonistas traspasa las tinieblas que cubren los cielos terrestres y Trinity obser-va encandilada la brillante faz del sol).

  La guerra en Zion se hace un poco larga y pe-sada, y tanto los diseños de la ciudad y de las na-ves y artefactos que la pueblan, así como de las perforadoras o de los centinelas, carecen del caris-ma necesario como para convertirlos en algo único y nunca visto antes en una producción de este tipo. La lucha final entre Neo y Smith posee momentos de gran intensidad, pero, después de lo que con-templamos en la segunda entrega de la saga, re-sulta difícil epatar al espectador, máxime cuando algunos de sus encontronazos cuerpo a cuerpo abusan de la cámara lenta para así intentar crear una artificial sensación de magnificencia (por cierto, ¿alguien les ha propuesto a los hermanos Wa-chowski que sean los responsables de llevar al cine "Dragon Ball"?). En todo ca-so, la cinta no resulta en ningún momento aburrida, aunque uno aún no entiende qué es lo que ha sucedido con esa impresionante persecución de helicópteros de más de diez minutos de duración que en su día Joel Silver anunció para este punto y final de la trilogía. O bien los medios de comunicación recogieron mal sus palabras o bien se la han guardado para una edición especial en DVD de la película (teoría que no se puede descartar teniendo en cuenta lo que ha hecho Peter Jackson con "El Señor de los Anillos" y la escasez de contenidos extra de las ediciones actuales en DVD de "Matrix" y "Matrix Reloaded").

  Nada nuevo se puede decir de los actores que no se haya comentado en las anteriores entregas de la saga, tan sólo señalar el mayor protagonismo que co-bra Seraph, siendo la interpretación física de Sing Ngai muy acertada para dotar de vida a este personaje (desde luego, no se echa de menos la presencia de Jet Li en el filme). Destacar, eso sí, la preciosa y emotiva escena en la que Trinity le expresa a Neo sus sentimientos y le pide que llegue hasta el final de la odisea en la que ha escogido adentrarse. Tanto Keanu Reeves como especialmente Ca-rrie-Anne Moss están muy convincentes en sus papeles.

  Por suerte, "Matrix Revolutions" contiene pocos pasajes en los que la música instrumental se fusione con los sintetizadores de Juno Reactor (uno de ellos, por cierto, tan sólo se escucha en los títulos de crédito finales de la película). Don Davis lleva el peso de la partitura, sobre todo teniendo en cuenta que la elevada duración de las batallas y la escasez de los diálogos en estos momentos provo-ca que su presencia sea más importante que en anteriores entregas, creando una imponente música descriptiva que, eso sí, no se libra del uso pomposo de la orquesta, a la que en ocasiones no sabe moderar. No obstante, la inclusión de los coros en el enfrentamiento entre Neo y Smith es particularmente brillante, al igual que sus aportaciones para las escenas más intimistas del filme.
 


Por Leandro Marques
Calificación:

Todo concluye al fin

  Todo principio tiene un final, nada puede alterar esa realidad. Afrontar ese destino irremediable ha sido desde siempre el peor tormento del hombre. Para qué vivir si la muerte siempre estará aguardan-do, es la pregunta que jamás ha podido responder. Un propósito, una causa por la que vivir, sirve para revalidar la importancia del trayecto en ese camino que tiene reservado el mismo final para todos: la muerte. "Matrix Revolutions" pone en juego estas ideas que giran en torno a los eternos dilemas exis-tenciales del ser humano. Pero más importante que esto aun es indicar que se trata del final para un principio que tuvo su origen con la primera parte de la trilogía, película convertida inmediatamente en uno de los nuevos clásicos de culto del cine moderno.

  La generalizada decepción causada tras el estreno de la segunda película de la saga dirigida y escrita por los hermanos Wachowski redujo notablemente las ex-pectativas producidas ante la llegada a los cines de esta última edición de Ma-trix. Sin embargo, a pesar de que es imposible siquiera insinuar un esbozo de comparación con la primera y original, "Matrix Revolutions" sale bien parada del desafío y regala un desenlace acorde a lo que podía esperarse para una trilogía que rompió con los parámetros tecnológicos que regían en el cine, e introdujo una serie de ideas filosóficas que hicieron ruido en la cabeza de millones de per-sonas que de inmediato amaron a Neo, Morfeo, Trinity y compañía.

  La película retoma el punto en que se había detenido "Matrix Reloaded". Con Zion, la última ciudad humana de ese mundo dominado por las máquinas, a pun-to de ser invadida y destruida para siempre. Con Neo, el héroe de la saga, perdi-do en la simbólica estación de tren que une al mundo de los hombres con el mundo de las computadoras. Con el desconcierto de Morfeo y el resto de los co-mandantes de la resistencia. Y el temor generalizado de saber que la humanidad corre serio peligro de convertirse, en su totalidad, en alimento energético para las máquinas dominantes del planeta.

  Frente a este panorama, lógica pura. Porque si algo puede esperarse ante un esquema narrativo como este, eso es acción, peleas, efectos, destrucciones. Nada de todo esto se escatima en cada plano de la película. Es más, si alguien tuviera que explicar llanamente de qué se trata "Matrix Revolutions", sin que su-piera nada sobre los filmes anteriores de la saga, diría probablemente que las más de dos horas de película relatan la resistencia heroica de la humanidad por evitar su destrucción frente al ataque de unas máquinas. Más allá de algún chis-pazo de filosofía en los diálogos (lucen forzados y demasiado rebuscados), la cinta ofrece una maratoniana y colosal puesta en escena de la lucha que enfren-tó a los hombres contra las máquinas en su última batalla.

  El tener como eje central la batalla por la defen-sa de Zion, condujo a los directores a estructurar el film en tres columnas narrativas: la ya mencionada batalla en Zion; la travesía de Morfeo y otros capita-nes para poder llegar a tiempo para la resistencia en su ciudad; y la a priori imposible misión de Neo, acompañado por su amada Trinity, de llegar a la ciudad de las máquinas y conseguir la paz. Esta fórmula de ordenar la trama no logra sino hasta pa-sado un buen rato atrapar y conectar al espectador con cada una de las historias paralelas que se van desarrollando. Pero cuando la conexión comienza a tomar efecto, gracias al atrapante bombardeo de imágenes, de efectos especia-les, de ángulos y giros de cámara, de peleas filmadas con maestría, el cine se vuelve un espacio de magia sólido, donde las distancias entre pantalla y espec-tador se vuelven irreconocibles.

  El ataque de las máquinas y la defensa de los hombres en Zion es impactante, por el despliegue de producción, por el sonido, por lo bien logrados que están los efectos. Ese es el punto más ostentoso que presenta "Matrix Revolutions", don-de pueden verse con claridad parte de los millones de dólares que se gastaron en esta superproducción. Pero, sin duda, la culminación de la relación entre Neo y su principal enemigo, el agente Smith (asociado a millones de clones de sí mismo), es excelente. Cuando alguien destruye algo, cuando alguien mata algo, también ese algo se termina para él. La humanidad necesita inventarse una ra-zón para vivir, aclama Smith, no conciente que también él necesita de un propó-sito que dé sentido a su vida no humana. ¿La vida es vida cuando nada la justifi-ca?

  También Matrix tiene un final. Ese recorrido apasionante que comenzó con su primera y verdadera razón de su categoría de “clásico moderno”, acaba de mane-ra aceptable con "Matrix Revolutions". Al igual que "Matrix Reloaded", es imposi-ble escaparse de la sensación de que le faltó tiempo de cocina, de preparación. La fórmula de efectos especiales increíbles y una idea básica sobre la que sos-tenerlos alcanza para considerarla un producto bien realizado. Pero los detalles, las terminaciones, las maneras en que se completan cada diálogo, cada escena, cada secuencia, arrojan la sensación de huecos incompletos, de que podría ha-berse hecho algo más. Incluso no se puede apreciar un buen desarrollo de los personajes –ni los ya conocidos, ni otros que tuvieron muy poco espacio pese a parecer más que interesantes, como el Arquitecto–. De lo que no hay duda es que todo principio tiene un final, y que Matrix ha terminado, al menos por ahora.
 


Por David Garrido
Calificación:

Un cierre de trilogía convencional

  Por si a alguno de los presentes se le ha olvida-do mi posición frente al fenómeno Matrix (algo que parece imprescindible antes de enjuiciar una pelícu-la como ésta, por las pasiones enfervorizadas y los odios enconados que suscita la obra de los Wa-chowski), un servidor pertenece al nutrido grupo de gente que se entusiasmó hasta la pura fascinación con Matrix y sufrió una decepción de parecidas pro-porciones con el despropósito de "Matrix Reloa-ded", donde muchos sentimos que los Wachowski habían traicionado no poco el espíritu de su primera película en aras de un producto de marketing es-truendoso que escondía el enorme vacío de su propuesta, donde apenas queda-ba rastro de la compacta historia que marcó el cambio de siglo y que se convirtió en un referente casi ineludible de buena parte del cine comercial posterior.

  "Matrix Revolutions" cierra voluntariosamente la trilogía que, vista en perspecti-va, resulta difícil de creer que fuera concebida como tal desde un principio, como han proclamado sus autores hasta la saciedad, ya que más allá de las inevita-bles cosas en común que han de tener las secuelas con su obra original, poco rastro queda de la fascinante inmersión en la ciencia-ficción trufada de referen-cias religiosas, filosóficas y mitológicas que cautivó a muchos. Todo lo que en este sentido se dijo cuando se analizó "Matrix Reloaded" sigue teniendo plena validez a la luz de "Matrix Revolutions", si bien hay que reconocer que esta últi-ma está un peldaño por encima de la anterior en cuanto producto cinematográfi-co, algo que por otra parte no resultaba especialmente difícil de conseguir.

  Y eso que el comienzo de la película, con Neo desconectado tanto de Matrix como del mundo real y sus amigos decididos a rescatarle a base de asaltar por la fuerza una especie de club sadomaso posmoderno que dirigen el inefable Me-rovingio y su bella Perséfone hace temer lo peor: de nuevo una pelea sin dema-siado sentido, autoreferencial para más señas, que no aporta nada nuevo a lo ya visto, nos situa en coordenadas muy parecidas a las que iniciaban "Matrix Re-loaded", pero hete aquí que los Wachowski se lo toman con un poco más de cal-ma y aprovechan el aislamiento de Neo para situarle en un inquietante escenario desde el que pueda usar la mente (es un decir, claro) en lugar de sus poderes y explorar junto al espectador algunos de los nuevos interrogantes planteados en la anterior película.

  Así, durante la primera hora de metraje, si uno obvia lo absolutamente irrelevante que se demues-tra para el transcurrir de toda la historia la participa-ción de Merovingio y Señora en las dos secuelas, puede disfrutar con la potencia visual de la que ha-cen gala los Wachowski en algunos momentos sin que haya necesidad de recurrir a la acción o a los efectos digitales desatados. En ese sentido desta-can las dos intervenciones del Oráculo y la secuen-cia en la que aparentemente se define su destino en la saga, que resulta especialmente inquietante y recupera algo de la emoción perdida en alguna parte del camino. Es en esa parte donde se concentran algunas de las virtudes de este film que, desgraciadamente, vuelve a reincidir en sus defectos más evi-dentes una vez pasado este primer bloque. Y es que, recordemos, Zion está siendo asediada por las máquinas y, como ya demostrará Lucas en "Star Wars" hace más de veinte años ¿qué sería de un final de trilogía sin una épica batalla? Los Wachowski demuestran tener el guión demasiado bien aprendido.

  Porque claro, llega el primero de los dos clímax que todo el mundo está espe-rando y, siguiendo el esquema convencional, la historia se bifurca en tres líneas en las que por un lado el héroe mesiánico de la función se va a cumplir con su destino de Elegido en una aparente misión suicida, su amigo Morfeo se embarca en una nave en un peligroso viaje para salvar Zion de la primera oleada y, por su-puesto, asistimos a ese primer envite, esa épica batalla en la que los humanos luchan a la desesperada contra las máquinas. Todo terreno más que conocido.

  En lo referente a la batalla, y dejando de lado minucias de guión como que las máquinas sean tan torpes atacando los muelles como los humanos planificando la defensa, los Wachowski nos sirven con todo lujo de tecnología digital un fes-tival de disparos, explosiones, de destrucción sin límite, en fin, que se alargan durante una hora larguísima en la que vuelve a atacarse la credibilidad de algu-nas de las cosas que se ven, confiando de nuevo sus autores en que el estruen-do ahogará las dudas más que razonables que se forman en la mente de cual-quier espectador con cierto criterio y sobre las que no voy a extenderme. Así, re-conociendo que visualmente hay momentos brillantes en el desarrollo de la bata-lla, sigue faltando la sensación de originalidad, de novedad, de descubrimiento que todo aficionado a Matrix busca con cierta desesperación. Todo resulta de un convencionalismo tan desesperante que acaba por conducir a cierto hartazgo a la espera del otro gran clímax de la película.

  Finalmente, la historia de Neo acabará por asumir plenamente las lecturas más religiosas (seudocristianas) de Matrix, llevando a su mesiánico protagonista has-ta las últimas consecuencias en un afán no del todo conseguido de atar los múl-tiples cabos sueltos que "Matrix Reloaded" había dejado por el camino. De nue-vo, hay algunas ideas estimables diseminadas en el último tramo de la película que antecede al inevitable enfrentamiento final con el Agente Smith, pero quedan diluidas en el marasmo de situaciones, insisto una vez más, de lo más conven-cional que conduce a un tedio del que no la salvan ni el más voluntarioso y es-pectacular efecto digital.

  Eso queda de nuevo patente en la resolución de la historia, en la que la descomunal pelea final en-tre Neo y Smith, pese a toda la espectacularidad y toda la grandiosidad que el denodado esfuerzo de todo el equipo de efectos especiales pretende insu-flarle, queda absolutamente hueca. Primero porque el resultado de la misma es harto previsible a esas alturas y, una vez más, vuelve a formularse la di-chosa pregunta: ¿Por qué tanta pelea gratuita des-provista de la más mínima emoción? Sólo hay que comparar el enfrentamiento que Smith y Neo man-tenían en la famosa secuencia de la estación de metro en "Matrix" con la soberbia embriaguez de este enfrentamiento entre seres superpoderosos que no parecen tener debilidad ni límite alguno para comprender la razón por la que tantos aficionados a "Matrix" nos sentimos decepcionados con sus dos secuelas.

  Nadie debería negar a los Wachowski su inestimable aportación al cine. Ni tampoco seré yo quien desde estas líneas le niegue a "Matrix Revolutions" su condición de correcta película comercial con sus buenas dosis de entretenimien-to y algún que otro momento brillante que gustará mucho a quienes disfrutaron de "Matrix Reloaded" y posiblemente no decepcionará tanto a quienes no lo hi-cieron, pero lo cierto es que me cuesta trabajo no pensar en cómo una película que aportó e innovó tanto en su momento ha tenido dos continuaciones tan con-vencionales que no es ya que no estén a su nivel, sino que provocan un abati-miento y un desasosiego proporcional al entusiasmo que despertó el nacimiento de un universo tan fascinante.
 


Por Migue Muñoz
Calificación:

Oscura poesía para el adiós

  La trilogía ha llegado a su fin. Y uno de los tantos a su favor estriba en la sor-prendente dualidad que ofrece: que en su totalidad sea compacta y al mismo tiempo que cada una de sus partes contenga rasgos formales y de contenido que la diferencien de las demás. Uno contempla el tríptico y no puede dejar de mirar de reojo toda la saga de "Alien" (sus tan diferentes partes, realizadas por diversos directores, nos llevaba a una coherente unidad además de a un experi-mento por entregas en torno al terror oscuro, a los infinitos prismas personales que pueden surgir en el género fantástico).

  Por ello, si en "Matrix" nos adentramos en la prístina idea y en su desarrollo como un avance en el género de la ciencia-ficción (una estructura más conven-cional y clásica pero espectacular dada su modernez); y en su continuación el humor y las multireferencias se hacía más palpable, logrando un puro divertimen-to de clímax ascendente, sin principio ni fin; en "Matrix Revolutions" estalla el concepto por antonomasia de los desenlaces míticos: la oscuridad, uno de los rasgos más atractivos que se puedan utilizar como elemento de una historia.

  La complejidad que ello conlleva para hacer el argumento coherente, logra aquí una serie de matices que nos muestran lo más seductor del ser humano: su ma-yor debilidad, su lado más vulnerable. Es lo que logra ese grado turbio, siniestro de "Matrix Revolutions", que nos hace viajar a los comienzos de la década de los 80, donde la oscuridad y lo gótico, en su acepción más lúdica, eran ingredientes de la mayoría de las producciones de género (sin ir más lejos, "El Imperio Con-traataca" sufrió tal cambio respecto de su predecesora "Star Wars").

  Pero no nos equivoquemos, este desenlace, al igual que las dos entregas anteriores, tiene sus muchas referencias pero logra ser totalmente con-temporáneo, e incluso llega a ir más allá. "Matrix Revolutions" creará tendencia igual que la creó la originaria "Matrix". La impresionante batalla de Zion retiene en sí misma toda la hipérbole de la cultura japonesa (desde el honor del samurái, pasando por la inmolación de los kamikazes, los yakuzas o el "anime" de Katshuhiro Otomo) que nos hace obser-var esa caligrafía visual tan barroca e hiperexpresiva pocas veces vista. Si a ello le añadimos la abyec-ción total de Smith (terrorífica y muy bien planifica-da su aparición en el film), y la consumación total de amor entre Trinity y Neo (el poético asomo en el cielo claro es tan sólo uno de los ejemplos) dedicada para todos aquellos que se rieron en "Matrix Reloaded" cuando extrajo Neo esa frase, para tomársela muy en serio, de "Joder, te quiero tanto" y no se creían el verdadero sentimiento que brotaba en la pareja; tenemos un desenlace de manual, donde parece ser que la tensión y el miedo a la destrucción total, en definitiva al punto más oscuro que existe, la muerte, hace que ningún personaje acabe por resaltar por encima de los otros, todo se compacta milimétricamente para vivir desde varios enfoques esa lucha palpable, ese punto final, esa revolución que comenzaron hace cuatro años los hermanos Wachowski, esos "hippies" modernos con la mente bien abierta, soñando una revolución utópica, y creyendo ciegamente en la paz y en el verdadero amor, el eterno.

  Puede estar bastante claro que la primera parte no ha sido mejorada, que no hay comparación con "Matrix". En ciertos aspectos es verdad, pero no hay que desdeñar que "Matrix Revolutions" funciona tanto como contundente y acertado desenlace, como entretenimiento lleno de sugestivos matices, de razonada e in-teligente estructura. Sus inconvenientes son alguna muestra de efecto por orde-nador demasiado obvia que llega al símil de videojuego, y ese personaje casi in-transcendente que resulta ser el tripulante misterioso. Haya o no futuras conti-nuaciones, lo que se nos regala es un montón de elementos, argumentos, evo-caciones y sugestiones a intertextos en un cauce que aúna tanto en "Matrix" co-mo en este episodio final, raciocinio complejo con puro espectáculo. En definiti-va, mucha víscera y corazón para un cine de evasión de alto nivel.
 


Por Mateo Sancho Cardiel
Calificación:

No es decepción sino pena, casi dolor lo que produce la conclusión de la trilogía Matrix, porque, tras la elegante aunque ya muy discutida “Matrix Reloaded”, los hermanos Wachowski estrenan como traído por los pelos el epílogo de la que, hasta ahora, era la gran esperanza de la ciencia ficción moderna, la que nos ha ofrecido los mejores y más apasionantes momentos del género en años. Carac-terizada por el sugerente uso de los efectos especiales, de la gran innovación de la gramática cinematográfica, esta Revolutions supone el lamentable malogra-miento de tan ilustres precedentes y deja caer todos esos excesos que titubea-ban en la cuerda floja al lado del bochorno, muy lejos de la genialidad, dándoles el papel protagonista por encima de lo que elevó a “Matrix” a la categoría de hito fílmico de toda una generación: su universo espiritual propio.

Por desgracia, aquellos momentos de exhibición marcial y de ataque a la credibilidad que en la se-gunda entrega diluían un conjunto de suma bri-llantez ocupan ahora una hora y media central (es decir, tres cuartas partes de la película) en forma de una batalla donde no acabamos de saber, ni tampoco de interesarnos por averiguar, por qué, cómo y dónde está desarrollándose lo que acon-tece y que afecta tanto a todos los personajes de la película. Todo es un uniforme, artificioso, estri-dente y poco estético batiburrillo de máquinas y sus respectivos disparos, chispas y rayos láser. ¿Dónde está el aroma zen, el lóbrego gótico, los desfiles de glamour cibernético que han creado una legión de millones de fans? La revolución de Matrix ha resultado tan incendiaria que ha perdido toda razón de ser, que no ha dejado rastro de su verdadera esencia y que nos ha llevado de los planteamientos nihilistas sobre nuestra existencia humana al ab-surdo de una batalla convencional de cine de acción de desorbitado presupuesto. Y es por eso que los dos breves bloques de arranque y desenlace que flanquean este denso, farragoso e indigesto pasaje de la cinta, no consiguen, pese a sus interesantes propuestas, a su respetuosa continuación de la saga, parecer más que dos débiles excusas para inscribir este insulso y tedioso producto en la fran-quicia que ha consolidado la épica romántica y majestuosa de Neo, Trinity y Morfeo. Son válidos y fascinantes sus recorridos por el amor como combinación de corrientes eléctricas y la ya muy manida pero todavía eficaz contraposición del bien y el mal dentro de cada individuo, pero son islotes náufragos en el despropósito, que llaman más a la nostalgia que al verdadero entusiasmo. Así, uno no puede sentir más que indignación cuando los tramposos y efectistas Wachowski deciden dejar la puerta abierta a una cuarta entrega o, ya puestos, a una segunda trilogía, porque no sólo no muestran coherencia en su relato, sino que tampoco cumplen su promesa de finalizarlo y nos privan de poder tener una visión global de tan personal y megalítica obra.

Ya desde “Matrix Reloaded” se venía renunciando a un cierre amargo, sugestivo y casi genial que venía servido en bandeja. Pero es que este “Matrix Revolutions” se resiente, casi en su totalidad, de una ausencia total de ideas que aportar, de tramas que introducir o de personajes que describir, y resulta un producto de la inercia más que de la meditación, una fase innecesaria y chapucera de un pro-ceso que, hasta este momento, había sido puesto en entredicho, pero siempre bajo una óptica que conllevaba respeto por una de las ideas más lúcidas del cine norteamericano. Ahora no hay compasión ni compostura, sino más bien resenti-miento por lo que sólo se puede definir como una espectacular estafa.
 



   

                               

LA BUTACA - Revista de Cine

© 2003 LaButaca.net © 2003 Warner Sogefilms. Todas las imágenes y material original de "Matrix" son propiedad
de Warner Sogefilms.  Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso. Todos los derechos reservados.